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Bodas de Plata de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de El Buen Suceso

Abadesa del Convento y Primera Aparición de Nuestra Señora de El Buen Suceso






Venerable Madre María de Jesús Taboada
    En 1589, la entonces Abadesa, Madre María Taboada, sintiéndose débil de salud y deseando prepararse para su muerte que se acercaba y que la Providencia se la había predicho a travez de su sobrina Mariana de Jesús Torres, sugirió la elección de ésta como nueva Superiora.

    La Madre Taboada había gobernado durante dieciséis años según el deseo unánime de su convento, y las religiosas pensaban que no existía alguien lo suficientemente capaz para continuar la tarea de la Fundadora.

    Sin embargo, respetando sus deseos, eligieron unánimemente a la Madre Mariana de Jesús Torres, confiando en su exaltada virtud a pesar de tener solamente treinta años. La Madre Mariana, dirigió el convento con gran sabiduría, prudencia, caridad y calidad en las vías del Señor, satisfaciendo cada punto de la santa regla, no omitiendo absolutamente nada. Sabía que tendría a su tía con ella por un tiempo más y tomó completa ventaja de sus consejos y dirección.


Predicciones sobre el Monasterio

Varias veces, las Madres María y Mariana, recibieron revelaciones sobre el futuro del Convento. En ellas, conocieron a cada monja que profesaría en su comunidad hasta el fin del mundo. Sabían que en las diferentes épocas, habría en esa bendita Casa, además de almas con grandes virtudes, méritos y santidad, también espíritus desagradecidos y desobedientes. Las almas santas librarían de grandes calamidades al Ecuador y mantendrían la fe ardiendo incluso durante los calamitosos siglos XX y XXI.

Los planes del demonio de destruir este Convento fueron evidenciados muy pronto. Incitadas por el príncipe de las tinieblas, algunas monjas ingobernables y desobedientes, deseaban una regla menos rigurosa, e intentarían obtener la separación de su comunidad de la dirección de los Frailes Franciscanos.Dicha separación causará en las monjas fieles el más penoso de los sufrimientos.

Primera aparición de La Virgen de El Buen Suceso

Por ese tiempo, la Madre Mariana sufría por el cuidado del Convento. Carecían de ayuda financiera apropiada, sumándosele la cruz de la amenazadora separación de los franciscanos. Todo esto infligió en su alma un verdadero martirio.

Antes de la Aurora del día 2 de febrero de 1594, rezaba en el Coro Alto. Prostrada, con su frente tocando el piso, imploraba por la ayuda divina para con su comunidad y por la misericordia para con el mundo pecador.

Entonces escuchó una dulce voz llamarla por su nombre. Levantándose rápidamente, contempló en medio de una aureola de luz, a una Señora muy hermosa, la cual, sostenía en su brazo izquierdo al Niño Jesús y en su mano derecha un báculo elaborado con el oro más puro y adornado con piedras preciosas nunca vistas en esta tierra.

Temerosa por no saber de quién se trataba la visión, la Madre Mariana preguntó: “Quién sois, hermosa Señora y qué deseáis de mi? Debéis saber que soy solamente una pobre monja, llena de amor para Dios, es verdad, pero sufriendo todo lo posible".

La Señora respondió:

“Soy María de El Buen Suceso, la Reina del Cielo y la Tierra. Precisamente porque eres un alma religiosa con completo amor para con Dios y para con su Madre que ahora te habla, es que he venido del Cielo para consolar tu agobiado corazón”.

Nuestra Señora realzaría luego, cómo los rezos y penitencias de la Sierva de Dios satisfacían a Dios, indicándole también que sostenía el báculo de oro en su mano derecha, porque deseaba Ella misma gobernar el Convento, que lo asumía como de Su propiedad, y que el demonio haría todos sus esfuerzos para destruirlo por medio de algunas hijas ingratas que allí vivían.

“Él no logrará su meta”, continuó la Santísima Virgen, “porque soy la Reina de las Victorias y la Madre de El Buen Suceso. Bajo esta invocación quiero, en los siglos venideros, realizar los milagros necesarios para la preservación de éste mi Convento, y para los habitantes de esta colonia".

“Hasta el fin del mundo tendré hijas santas, almas heroicas, en la vida silenciosa de este Convento, que sufrirán persecuciones y calumnias dentro de su propia comunidad, serán muy amadas por Dios y Su Madre… Sus vidas de oración, penitencia y sacrificio serán extremadamente necesarias en todos los tiempos. Después de pasar todas sus vidas desconocidas al mundo, serán llamadas al Cielo para ocupar un elevado trono de gloria.”

Le reveló también Nuestra Señora que su vida sería larga y sufrida, pidiéndole que jamás pierda el valor.

Dicho esto, colocó al Niño Jesús en los brazos de la humilde religiosa, quien al abrazarlo firmemente entre su corazón, sintió fuerzas para sufrir lo indecible.