Historia de Nuestra Señora de El Buen Suceso
La Abadesa del Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito, narra interesantes detalles sobre la fundación del Convento y las Apariciones de Nuestra Señora de El Buen Suceso
“¿Te has hecho daño hijo mío?”
En el día de la Madre
Es de Emile Faguet, si no me
equivoco, la siguiente alegoría: “Había cierta vez un hombre joven dilacerado
por una situación afectiva crítica. Quería con toda el alma a su bonita y joven
esposa, y tributaba también mucho afecto y profundo respeto a su propia madre.
Pero la relación entre nuera y suegra eran bastante tensas y, por celos tal
vez, la encantadora joven llegó a ser tan mala, que concibió un odio infundado
contra la venerable anciana. En cierta ocasión la joven colocó al marido entre
la espada y la pared: o él iría a la casa de su madre y la mataría y le traería
el corazón de la víctima, o la esposa abandonaría inmediatamente el hogar.
Después de muchas dudas e indecisiones, el joven hombre cedió”.
Y dice Faguet que, “aquel
conturbado marido, mató a aquella que le dio la vida, le arrancó el corazón de
su pecho, lo envolvió fríamente en un paño y regresó apresuradamente a su casa.
Pero sucedió que en el camino el caballo del joven, desbocado en loca carrera,
tropezó violentamente lanzando por los aires al infeliz jinete. Caído en tierra
oyó entonces él una voz que saliendo del corazón materno, le preguntaba llena
de desvelo y cariño: ‘¿Te has hecho daño hijo mío?”.
Con esta cruda alegoría el
mencionado autor quiso destacar lo que el amor materno tiene de más sublime y
conmovedor: su desinterés completo, su entrega gratuita, su ilimitada capacidad
de perdonar. La madre ama a su hijo cuando éste es bueno. Sin embargo, no lo
ama sólo por ser bueno. Lo ama también aunque sea malo. Lo ama simplemente por
ser su hijo, carne de su carne, sangre de su sangre. Lo ama generosamente sin
esperar ninguna retribución. Lo ama desde el propio vientre y en la cuna,
cuando todavía éste no tiene capacidad de merecer amor que le es prodigado. Lo
ama a lo largo de su existencia ya sea cuando ascienda al auge de la felicidad
y de la gloria, o cuando ruede por los abismos del infortunio y hasta del
crimen. Es su hijo, y eso es suficiente.
Este amor, altamente de acuerdo
con la razón, tiene en los padres también, algo de instintivo. En cuanto
instintivo, es análogo al amor que la providencia puso hasta en los animales
por sus crías. Para medir la sublimidad de este instinto, basta decir que el
más tierno, el más puro, el más soberano y excelso, el más sacro y sacrificado
de los amores que existió en la tierra, el amor del Hijo de Dios por los
hombres, fue por Este comparado al instinto animal. Poco antes de padecer y
morir, lloró Jesús sobre Jerusalén, diciendo: “¡Jerusalén, Jerusalén,
cuántas veces quise yo reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus pollitos debajo
de las alas, y tu no quisiste!“.
Sin este amor no hay paternidad o
maternidad digna de este nombre. Quien niega este amor en su excelsa gratitud,
niega por lo tanto la familia. Es este amor lo que lleva a los padres a amar a
sus hijos más que a otros -de acuerdo con la ley de Dios- y desear para ellos
con afán una educación mejor, una instrucción mejor, una vida futura estable,
una superación verdadera en la escala de todos los valores, inclusive los de
índole social. Para esto los padres trabajan, luchan, economizan. Su instinto,
su razón, los dictámenes de la propia Fe, los llevan a asumir tal actitud.
Acumular una herencia, por ejemplo, para ser transmitida a los hijos, es un
deseo natural de los padres. Negar la legitimidad de ese deseo es afirmar que
el padre debe tratar a su hijo como a un extraño. Es destruir la familia.
Confección milagrosa de la Imagen de Nuestra Señora de El Buen Suceso
Salve Sancta Parens!
Quiso la Divina Providencia que el
Ecuador fuese desde sus inicios muy bendecido por numerosos santuarios marianos
dedicados a la Santísima Virgen que recuerdan sus apariciones y sus incontables
favores. En varios de ellos se encuentran imágenes excepcionales muy veneradas
por peregrinos de todo el país. Por todo esto, bien se puede considerar al
Ecuador como el Relicario de América.
Entre ese singular número de advocaciones que reflejan las múltiples virtudes incomparables de la Madre de Dios, existe una de ellas que brilla de modo espectacular con luz propia.
La insigne devoción a María de El Buen Suceso cumple cuatrocientos dos años de aquel bendito día en que la Santísima Virgen pedía a una de las Santas Fundadoras del Real Convento de la Limpia e Inmaculada Concepción de Quito, la Venerable Madre Mariana de Jesús Torres, mandar a elaborar una Imagen representada tal como se mostraba ante sus ojos en dicho monasterio, y de su posterior angelical elaboración.
Es a partir del día 2 de Febrero de 1594, que Nuestra Señora indicaría con marcada insistencia el papel
trascendental de esta invocación como estímulo para la firmeza en la fe, para
una confiada esperanza y para un ardoroso amor para con Ella!
También, a través de continuas revelaciones, la Reina del Cielo refería las terribles pruebas que habría en el siglo 20, por ende en el siglo 21, trazando por un lado el mapa de la verdadera historia del Ecuador naciente y el del futuro y el rumbo hacia el cual nuestro país y el mundo caminan. A continuación ponemos a consideración de nuestros lectores el relato de la extraordinaria historia de la Bendita Imagen de Nuestra Señora de El Buen Suceso
Era el 16 de enero de 1611
También, a través de continuas revelaciones, la Reina del Cielo refería las terribles pruebas que habría en el siglo 20, por ende en el siglo 21, trazando por un lado el mapa de la verdadera historia del Ecuador naciente y el del futuro y el rumbo hacia el cual nuestro país y el mundo caminan. A continuación ponemos a consideración de nuestros lectores el relato de la extraordinaria historia de la Bendita Imagen de Nuestra Señora de El Buen Suceso
Era el 16 de enero de 1611
La Madre Mariana, comunicó entonces al Obispo el pedido
de Nuestra Señora de mandar a elaborar la imagen. El Prelado quedó
profundamente conmovido y entró en contacto con Francisco del Castillo.
El escultor apenas podía contener su sorpresa, alegría y gratitud por haber sido nombrado para este santo proyecto y rechazó cualquier pago en vista de que ya se consideraba completamente compensado al haber ser elegido por la misma Santísima Virgen. Pidió solamente que su familia y descendientes permanezcan siempre en los rezos de la comunidad.
Se confesó, comulgó y empezó la elaboración de su obra, siempre bajo la orientación de la Madre Mariana, que le indicaba las facciones y la postura de Nuestra Señora, recibiendo también las medidas exactas con las que tenía que ser entallada la imagen, esto es, cinco pies y nueve pulgadas de alto.
Cinco meses le llevarían al artista para realizar la obra. Faltándole algunas pulidas, salió de viaje fuera de Quito en búsqueda de las mejores pinturas y los más finos barnices para concluir su trabajo.
Confección
milagrosa
Aquello sucedió en enero de 1611, cuando la imagen estaba casi terminada, y solamente le faltaban los toques finales de tintura; entonces Francisco del Castillo informó a la Madre Mariana que como el acabado era lo más importante, deseaba contar con los más pulcros materiales que existieran. Fue a buscarlos en otro sitio, prometiendo regresar en dos semanas, suspendiendo así el trabajo después de recibir la Santa Comunión.
Durante esos días en la comunidad sólo se hablaba de la Santa Imagen que estaba a punto de ser acabada, bendecida e instalada como Reina y Superiora del Convento.
En la mañana del 16 de enero, mientras las hermanas se acercaban al Coro Alto para rezar el Oficio Matinal, oyeron una hermosa melodía.
Al entrar al Coro contemplaron la Imagen, bañada por una luz celestial, mientras que ecos de voces angelicales aun resonaban y cantaban el “Salve Sancta Parens” - Ave ! Santa Progenitora -
Vieron que la Imagen había sido exquisitamente acabada y que su rostro emitía rayos brillantes de luz!
Días después, el escultor se presentó en el Convento trayendo consigo los mejores esmaltes y listo para terminar su creación.
Sin contarle nada, fue invitado por las Madres y llevado al Coro Alto donde, sorprendido por tal maravilla, exclamó emocionado:
“Madres, qué es lo que veo? Esta Imagen preciosa no es el trabajo de mis manos! No puedo describir lo que siento en mi corazón! Esto es obra de manos angelicales! Es imposible en la tierra para cualquier escultor, por más hábil que sea, imprimir tal perfección y tal extraordinaria belleza!”. Y llorando, en medio de sentimientos profundos de fe y piedad, cayó a los Pies de la Sagrada Imagen.
Enseguida, pidiendo papel y lápiz, testimonió por escrito y bajo juramento, que aquella bendita Imagen no era obra suya, sino más bien de los Ángeles, pues la encontró totalmente distinta a su regreso.
Don Francisco del Castillo, presuroso, salió del Convento, llegando donde el Obispo y emocionado le narró lo que sus ojos acababan de ver por lo que el Prelado acudió de inmediato donde las Madres, encontrando la Imagen transformada pero mucho más perfecta de lo que se desprendía del relato del escultor, y arrodillándose ante Ella, reconoció el prodigio mientras que de sus grandes ojos brotaban lágrimas. Atestiguó que la Imagen había sido modificada y enriquecida por manos no humanas. Conmovido y extasiado proclamó a los Pies de la misma:
“María, Madre de Gracia y Madre de Misericordia, en la vida y sobretodo en la hora de la muerte, amparadnos, Grande Señora!”
Luego, llamando a la Madre Mariana, electa nuevamente Abadesa, le pidió que entrara en el confesonario. Intuía que ella debía saber sobre lo ocurrido.
La Santa Fundadora le relató entonces que en el día 15 de Enero de 1611, Dios le previno acerca de las Misericordias que presenciaría en la madrugada del día 16, pidiéndole además, se prepare con penitencias y mucha oración.
Haciendo esto, ya en la madrugada, vio al Coro Alto y a toda la Iglesia iluminarse con luces celestiales. Luego se abrieron las puertas del Sagrario y en la Santa Hostia aparecía la Santísima Trinidad, conociendo en ese instante, el Misterio de la Encarnación del Verbo así como el amor infinito de las Tres Divinas Personas a María Santísima, la cual era aclamada como Reina y Señora por los nueve Coros Angelicales.
“María Santísima, Hija de Dios Padre!".
Le seguía San Gabriel, diciendo:
“María Santísima, Madre de Dios Hijo!".
Finalmente, era San Rafael quién decía:
“María Santísima, Esposa Purísima del Dios Espíritu Santo!".
Luego apareció el padre seráfico y junto a los tres arcángeles se aproximaron a la Imagen semi-concluida por don Francisco del Castillo y en un instante la rehicieron.
"No tuve luz para percibir cómo se operó la transformación instantánea, pero fue tan linda como la vio Vuestra Reverencia" le relató la Madre Mariana al Obispo, acrecentando que "la Reina de los Ángeles, en medio de estas alegrías se acercó a la Imagen y penetró en ella, a manera de rayos de sol que inciden en hermosos cristales. En ese momento la Imagen adquirió vida y entonó con celestial armonía el Magnificat. Esto aconteció a las tres de la mañana"
Por la mañana y al entrar al Coro, las hermanas del Convento, contemplaron que la Imagen reflejaba una mirada majestuosa, serena, dulce, amable y atrayente. Comprendieron así que otras manos, otra inspiración, habían modelado aquella maravilla
Un aspecto de la Inmaculada Concepción: La Santa Intransigencia
Para conmemorar la insigne Fiesta de la Inmaculada Concepción de la Reina de los Cielos, se llevó a cabo en Guayaquil, y de manera ya consecutiva, una Procesión en su Honor con la presencia de una imagencita réplica de Nuestra Señora de El Buen Suceso.
Precedida por la Santa Misa, en el rito de San Pio V, un considerable número de devotos se conglomeró en torno de Ella, aclamándola como su verdadera Reina.
La historia de Nuestra Señora de El Buen Suceso, como podrá ver el lector en varios de nuestros artículos tiene una íntima relación con su Inmaculada Concepción.
A continuación Usted, apreciado lector encontrará un otro aspecto de la Inmaculada Concepción, olvidado y quizás hasta desconocido...
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Imagínese una criatura teniendo todo el amor de San Francisco de Asís, todo el celo de Santo Domingo de Guzmán, toda la piedad de San Benito, todo el recogimiento de Santa Teresa, toda la sabiduría de Santo Tomás, toda la intrepidez de San Ignacio, toda la pureza de San Luis Gonzága, la paciencia de un San Lorenzo, el espíritu de mortificación de todos los anacoretas del desierto: ella no llegaría a los pies de Nuestra Señora.
Más todavía. La gloria de los ángeles es algo
incomprensible al intelecto humano. Cierta vez apareció a un Santo su ángel de
la Guarda y, tal era su gloria, que el Santo pensó que se tratase del propio
Dios, y ya se disponía a adorarlo, cuando el ángel le reveló quién era. Ahora
bien, los ángeles de la Guarda no pertenecen habitualmente a las más altas jerarquías
celestes. Y la gloria de Nuestra Señora está inconmensurablemente por encima de
la de todos los coros angélicos.
¿Podría haber contraste mayor entre esta
obra prima de la naturaleza y de la gracia -no sólo indescriptible, sino
incluso inconcebible- y la ciénaga de vicios y miserias que era el mundo antes
de Cristo?
A esta criatura predilecta entre todas,
superior a todo cuanto fue creado, e inferior solamente a la Humanidad
Santísima de Nuestro Señor Jesucristo, Dios confirió un privilegio
incomparable, que es la Inmaculada Concepción.
Como consecuencia del pecado original, la inteligencia humana se tornó sujeta al error, la voluntad quedó expuesta a desfallecimientos; la sensibilidad quedó prisionera de las pasiones desarregladas; el cuerpo por así decir, quedó puesto en rebelión contra el alma.
Ahora, por el privilegio de su Concepción Inmaculada, Nuestra Señora fue preservada de la mancha del pecado original desde el primer instante de su ser. Y, así, en Ella todo era armonía profunda, perfecta, imperturbable. Su inteligencia, jamás expuesta al error, dotada de un entendimiento, de una claridad, de una agilidad inexpresable, iluminado por las gracias más altas- tenía un conocimiento admirable de las cosas del Cielo y de la tierra.
La voluntad, dócil en todo al intelecto, estaba enteramente vuelta hacia el bien, y gobernaba plenamente la sensibilidad, que jamás sentía en sí, ni pedía a la voluntad algo que no fuese plenamente justo y conforme a la razón.
Imagínese una voluntad naturalmente tan perfecta, una sensibilidad naturalmente tan irreprensible, ésta y aquella enriquecidas y super enriquecidas de gracias inefables, perfectísimamente correspondidas en todo momento, y se puede tener una idea de lo que era la Santísima Virgen. O mejor, se puede comprender por qué motivo ni siquiera se es capaz de tener una idea de lo que era la Santísima Virgen.
“Inimicitias
ponam”
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| La Virgen del Apocalípsis, Bernardo de Legarda |
Ahora, María Santísima tenía en sí abismos de amor a la virtud y, por lo tanto, sentía forzosamente en sí abismos de odio al mal. María era, pues, enemiga del mundo al cual vivió ajena, segregada, sin cualquier mezcla ni alianza, vuelta únicamente hacia las cosas de Dios.
El mundo, a su vez, parece no haber comprendido ni amado a María: no consta que le hubiese tributado una admiración proporcionada a su hermosura castísima, a su gracia nobilísima, a su trato dulcísimo, a su caridad siempre exorable, accesible, más abundante que las aguas del mar y más suave que la miel.
¿Y cómo no habría de ser así? ¿Qué correspondencia podía haber entre Aquella que era totalmente del Cielo, y aquellos que vivían sólo para la tierra? ¿Aquella que era toda fe, pureza, humildad, nobleza, y aquellos que eran todo idolatría, escepticismo, herejía, concupiscencia, orgullo, vulgaridad? ¿Aquella que era toda sabiduría, razón, equilibrio, sentido de las proporciones, templanza absoluta y sin mancha ni sombra, y aquellos que eran todo desmán, extravagancia, desequilibrio, sentimiento equivocado, cacofónico, contradictorio, estridente a respecto de todo, e intemperancia crónica, sistemática, vertiginosamente creciente en todo? ¿Aquella que era la fe llevada por una lógica diamantina e inflexible a todas sus consecuencias, y aquellos que eran el error llevado por una lógica infernalmente inexorable, también a sus últimas consecuencias? ¿O aquellos que, renunciando a cualquier lógica, vivían voluntariamente en un pantano de contradicciones?
“Inmaculado” es una palabra negativa. Significa etimológicamente la ausencia de mancha y, por lo tanto, de todo y cualquier error por menor que sea, de todo y cualquier pecado por más leve e insignificante que parezca. Es la integridad absoluta en la fe y en la virtud. Es, por lo tanto, la intransigencia absoluta, sistemática, irreductible; la aversión completa, profunda, diametralmente opuesta a toda especie de error o de mal. La santa intransigencia en la verdad y en el bien, es la ortodoxia, la pureza, en oposición a la heterodoxia y al mal. Por amar a Dios sin medida, Nuestra Señora correspondientemente amó de todo corazón todo cuanto era de Dios. Y porque odió sin medida el mal, odió sin medida a satanás, sus pompas y sus obras, al demonio, al mundo y a la carne.
Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción es Nuestra Señoa de la Santa Intransigencia
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| La Niña María, Francisco de Zurbarán |
Pedía el Mesías para que viniese Aquel que podía hacer brillar nuevamente la justicia sobre la faz de la tierra;
La Virgen quería la gloria de Dios por esa justicia que es la realización en la tierra del Orden deseado por el Creador. Pero, pidiendo la venida del Mesías, Ella no ignoraba que éste sería la Piedra de escándalo, por la cual muchos se salvarían y muchos recibirían también el castigo de su pecado.
Este castigo del pecador irreductible, este aplastamiento del impío obcecado y endurecido, Nuestra Señora también lo deseó de todo corazón, y fue una de las consecuencias de la Redención y de la fundación de la Iglesia, que Ella deseó y pidió como nadie. Canta la Liturgia: “Ut inimicos Sanctae Ecclesiae humiliare digneris, Te rogamos audi nos“. Y antes de la Liturgia por cierto el Corazón Inmaculado de María ya elevó a Dios súplica análoga, por la derrota de los impíos irreductibles.
Admirable ejemplo de verdadero amor, de verdadero odio.
Reina de todos los apóstoles, Nuestra Señora es, sin embargo, el modelo de las almas que rezan y se santifican, la estrella polar de toda meditación y vida interior. Pues, dotada de virtud inmaculada, Ella hizo siempre lo que era más razonable. Y si nunca sintió en sí las agitaciones y los desórdenes de las almas que sólo aman la acción y la agitación, nunca experimentó en sí, tampoco, las apatías y las negligencias de las almas perezosas, que hacen de la vida interior un biombo para disfrazar su indiferencia por la causa de la Iglesia.
Su alejamiento del mundo no significó un desinterés por el mundo. ¿Quién hizo más por los impíos y por los pecadores que Aquella que, para salvarlos, voluntariamente consintió en la inmolación crudelísima de su Hijo, infinitamente inocente y santo? ¿Quien hizo más por los hombres, que Aquella que consiguió que se realizase en sus días la promesa del Salvador?
¿Que diría él hoy?
Y a nosotros, ¿qué nos compete hacer? Luchar en todos
los terrenos permitidos, con todas las armas lícitas. Pero antes de todo, por
encima de todo, confiar en la vida interior y en la oración. Es el gran ejemplo
de Nuestra Señora.
El ejemplo de la Santísima Virgen, sólo
con su auxilio se puede imitar. Y el auxilio de Nuestra Señora sólo con la
devoción a Nuestra Señora se puede conseguir. Ahora, ¿en qué puede consistir la
devoción a María Santísima sino en pedirle, no sólo el amor a Dios y el odio al
demonio, sino aquella santa entereza en el amor al bien y en el odio al mal: en
una palabra, aquella santa intransigencia, que tanto resplandece en su
Inmaculada Concepción.
(Extracto del artículo “A santa intransigência, um aspecto da Imaculada Conceição, de Plinio Corrêa de Oliveira, en la Revista Catolicismo n°45, Septiembre de 1954)
SALVE REGINA…SPES NOSTRA SALVE !
Rosario de la Aurora, 2 de Febrero del 2012
“Soy Madre de las Misericordias y hay en mí bondad y amor”, en estas palabras de Nuestra Señora de El Buen Suceso se exprime toda la esperanza para el mundo actual. María Santísima, es la abogada de los pecadores. Y nadie ignora que no es función del abogado otra cosa sino defender al reo. Así, decir que Nuestra Señora de El Buen Suceso es nuestra abogada implica en decir que tenemos en el Cielo una abogada y que es también Reina omnipotente, en cuyas manos se encuentran las llaves de un océano infinito de misericordia.En la disyuntiva actual se hace necesario creer en lo que la Virgen nos dice en sus Revelaciones. En su conjunto, las apariciones de Nuestra Señora de El Buen Suceso de un lado, nos instruyen sobre la terrible gravedad de la situación mundial y sobre las verdaderas causas de nuestros males. Y de otro lado, nos enseñan los instrumentos por medio de los cuales debemos obviar los castigos terrenos y eternos que nos amenazan. Y en ellas María Santísima deja muy claro que para evitar los castigos, es necesario que los hombres se conviertan. Y para que se conviertan, es necesario que los buenos oren ardientemente por los pecadores y ofrezcan a Dios toda clase de sacrificios expiatorios. Pero para reducir los efectos de los males actuales, además de la oración y la reparación, es necesario un tercer punto, la enmienda de vida.
El Rosario de la Aurora en honor de Nuestra Señora de El Buen Suceso, celebrado en Quito, el día 2 de febrero del 2012 fue una muestra de fe y esperanza, en que la Reina del Cielo y de la tierra derramó sobre las almas, gracias insignes acordes a las necesidades presentes. Sin importar la hora en que se dio inicio – 5 de la mañana –, llegando de las más variadas distancias, muchos sin contar con transportación propia, desafiando al frío de la serranía generalmente más intenso al amanecer, contrarrestando ciertamente el sueño, interrumpido a primeras horas de la madrugada, miles de personas dieron así inicio a la Procesión solemne que recorrió las calles principales del centro de la capital ecuatoriana.
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| Diario El Comercio, Quito, 3 de Febrero/2012 |
Horas después, eran varios los que comentaban que un suave perfume se percibía luego de la Procesión. Ciertamente, era el perfume de la oración y del sacrificio que dejó su huella, pero sobretodo era el delicado aroma de la esperanza puesta por los devotos en la Santísima Virgen de El Buen Suceso.
LOS NOMBRES DE LOS DEVOTOS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN HAN SIDO COLOCADOS A LOS PIES DE LA MILAGROSA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE EL BUEN SUCESO
Esta esperanza de todos quienes asistieron al Rosario de la Aurora no podía quedar en el aire. Desde hace pocos años ha sido necesario plasmar en un papel todos los pedidos que Nuestra Señora de El Buen Suceso recibe de sus devotos. Un hecho convertido en poco tiempo en una tradición.
Así, millares de intenciones, ya desde los días previos al 2 de febrero, fueron colocadas por los fieles en varias urnas dispuestas tanto dentro como fuera del templo de la Concepción. Peticiones tanto en el orden espiritual como material, llegadas incluso desde otros puntos del país como fuera del mismo, y que tras una breve pero muy bendecida ceremonia, fueron puestas el día 5 de Febrero del 2012 bajo el Manto de la Imagen Milagrosa de Nuestra Señora de El Buen Suceso, en su Trono Abacial ubicado en el Coro alto del Monasterio de las Madres Conceptas. Tales intenciones reposarán un año a los Sagrados Pies de la Bendita Imagen, esto es hasta la próxima fiesta de la Candelaria, el 2 de Febrero del 2013.
MARIA SANTÍSIMA DE EL BUEN SUCESO ES NUESTRA ESPERANZA
Podrán sobrevenir las más duras pruebas, los reveses más difíciles, situaciones que pongan en riesgo la perseverancia en la fe y en la práctica de los mandamientos, incluso embargarnos el dolor de ofender gravemente a Dios, sin embargo Nuestra Señora nos convida a cada instante a confiar extremadamente en Ella, pues sin la esperanza en Ella todo está perdido. “En estos aciagos tiempos” previstos por la Santísima Virgen a la Madre Mariana de Jesús Torres, hagamos nuestra, la confianza sin par de San Bernardo de Claraval, autor de la Salve Regina, oración de la cual hemos tomado el título del presente artículo. Confiemos y esperemos en la Madre de Dios tal como lo hiciera el insigne doctor melifluo en su plegaria, ¡Oh Dulce Virgen María!:
¡Dulce Virgen María de El Buen Suceso!, nuestra augusta soberana, nuestra amable Señora, nuestra bondadosísima y amantísima Madre, Dulce Virgen María! Hemos puesto en Vos toda nuestra confianza y no seremos confundidos, Os rogamos que nunca nos desampares y recuerdes que nuestros nombre están a Vuestros pies.
¡Dulce Virgen María de El Buen Suceso!: que entre los hijos de los hombres los unos busquen la felicidad en sus riquezas; que otros la busquen en sus talentos; que otros se apoyen en la inocencia de su vida o en el rigor de su penitencia o en el fervor de sus oraciones o en el gran número de sus buenas obras. Pero nosotros, Madre nuestra, esperaremos sólo en Vos, después de Dios, y todo el fundamento de nuestra esperanza será la confianza misma en vuestras maternales bondades.
¡Dulce Virgen María de El Buen Suceso! Las calumnias podrán arrancarnos la reputación y el poco bien que poseamos; las enfermedades nos podrán quitar las fuerzas y la facultad exterior de serviros; podremos perder aún ¡oh dolor, nuestra tierna Madre!, vuestras buenas gracias por el pecado. Pero nuestra amorosa confianza en vuestras maternales bondades, nunca jamás. ¡Oh no, jamás la perderemos!
Conservaremos esta inquebrantable confianza hasta nuestro último suspiro. Todas las fuerzas del infierno no nos la quitarán. Moriremos repitiendo mil veces vuestro nombre bendito, haciendo reposar sobre Vuestro Corazón Inmaculado toda nuestra esperanza.
Esta es nuestra gran confianza y toda la razón de nuestra esperanza.
Si! eres Vos, oh! Madre nuestra, que después de habernos hecho compartir las humillaciones y sufrimientos de Vuestro Divino Hijo nos introduciréis en su gloria y en sus delicias para alabarlo y bendecirlo cerca de Vos y con Vos por los siglos de los siglos. Así sea
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El presente artículo está basado en escritos del insigne pensador católico, Dr. Plínio Corrèa de Oliveira, gran devoto de la Santísima Virgen de El Buen Suceso, para la revista brasileña ¨Catolicismo¨.
INVITACION AL ROSARIO DE LA AURORA - FEBRERO 2012
AVE MARIA PURÍSIMA
Rosario de la Aurora
de la Santísima Virgen de El Buen Suceso
en el día de su fiesta
El Jueves 2 de Febrero, a las 5:00 de la mañana.
Iglesia de la Inmaculada Concepción
- Chile y García Moreno -
A los participantes les será regalado un Rosario
y sus nombres serán puestos
a los pies de la Imagen milagrosa
hasta el día 2 de febrero del próximo año.
Quito - Ecuador
Tenacidad contra los demonios y un sacrificio inmenso para la salvación de un alma
Mientras "La Capitana" confinada en la prisión, llena de odio y enloquecida hablaba al Obispo, la Madre Mariana se sentó silenciosamente en una esquina del cuarto, desde donde contempló a unos simios horribles que se acercaban a dicha monja. Sus bocas, ojos y narices vomitaban fuego vertiéndolo luego en el corazón de la rebelde y en las de sus seguidoras.
La Madre Mariana veía que esta infeliz alma y la de varias de sus adeptas, se condenarían. Para esto, Nuestro Señor se le apareció presentándole la manera de salvar a la monja rebelde de las llamas eternas del infierno que bien merecía por sus numerosos pecados, y por el daño que repercutiría en la comunidad en los siglos venideros. Para evitar su castigo eterno era necesario que la Madre Mariana acepte sufrir cinco años en el infierno para salvarla.
La heroica santa Fundadora aceptó como se verá más adelante.
La Capitana
Un día, la Madre Valenzuela, elegida nuevamente Abadesa escuchó junto a la Madre Mariana voces que venían de la prisión. La Superiora le preguntó qué podía ser aquello.“Madre, - le respondió la Madre Mariana - esta pobre hermana es una víctima del demonio. Vamos a asistirla y saquémosla al jardín para que no se desespere. Debemos ocuparnos de su alma”.
Al verlas, la desgraciada criatura comenzó a correr alrededor de la prisión mientras golpeaba su cabeza contra las paredes y gritaba: ¡“Estoy muriendo! ¡Estoy muriendo! El demonio va a tomarme!". Entonces se cayó de cara a la tierra.
La Madre Mariana, llorando desconsoladamente, se acercó a la monja para levantarla. Sus lágrimas bañaron la cara de la desgraciada criatura, la cual botaba espuma por la boca, fluyéndole sangre de la nariz. Limpiándola, la frotó procurando hacerla recuperar los sentidos. Entonces le pidió a la Madre Francisca de los Ángeles que fuera a la Enfermería por unos remedios.
La Madre Valenzuela permanecía en la puerta paralizada por el pánico ante lo cual la Sierva de Dios, animándola, le dijo:
“No se preocupe su Reverencia, Jesús y María están conmigo!”
Exorcismo
Mientras la santa fundadora esperaba, notó repentinamente a dos criaturas negras agazaparse tímidamente contra la pared en una esquina del cuarto, intentando ocultarse de ella. Indignada, las increpó con fuerte voz:
“Bestias viles y abominables, qué están haciendo aquí? Vuelvan al infierno, que este es un lugar santo, una casa de oración y de penitencia. Todos sus esfuerzos por arrebatar el alma de mi hermana serán inútiles. Jesucristo murió por ella y a pesar de ustedes, la salvará. Les ordeno en nombre de los misterios de la Santísima Trinidad, de la Divina Eucaristía, de la Maternidad Divina de María Santísima y de la Asunción gloriosa de su cuerpo y alma al Cielo, que salgan inmediatamente de este santo lugar. Déjenlo, y nunca más vuelvan a atormentar a cualesquiera de mis hermanas con su abominable presencia”
Luego que pronunciara estas palabras, se escuchó un estruendo. La tierra se sacudió y gritos horribles fueron oídos. Entonces los demonios se marcharon.
Enfermedad y muerte
Al regresar a sus sentidos, la monja enferma estaba muy desconcertada pero empecinada, hablaría solamente con la Madre Valenzuela. Pasó una noche terrible sufriendo las crueldades de su conciencia criminal. No obstante, la envidia que sentía hacia la Madre Mariana estaba tan asentada en su corazón que no podía atreverse a pedirle perdón y mucho menos intentar estimarla.
A pedido del doctor, la trasladaron a un cuarto en donde podría ser cuidada, debido a que tenía una enfermedad contagiosa y estaba muy enferma. Las Madres Mariana y Francisca de los Ángeles la cuidaron con gran amor, dulzura y afecto. Aun así, la enferma las trató groseramente, quejándose por todo.
A pesar del cuidado y tratamiento propinado, su condición se empeoró al punto que la muerte era inminente. Sintiéndose morir, gritó en medio de una agitación terrible: “Es muy tarde para mí. No puedo (refiriéndose a la Madre Mariana) apreciarla ni perdonarla. Deseo ser salvada pero no puedo. ¡Oh! ¡Hagan que esas criaturas negras salgan de aquí! Ayúdenme, porque me llevarán!”
Sin más remedio se aferró a los brazos de la Madre Mariana. Enseguida, las monjas llamaron a un sacerdote pero no se confesó. El clérigo se fue entristecido por esta escena de la impenitente que moría y que poco después daba su último suspiro.
La Madre Mariana sostenía el cadáver en sus brazos. Sus hermanas y cofundadoras españolas le pidieron que la acostara en la cama pero la Venerable Religiosa les respondió:
“Mis Madres y hermanas! tan pronto se olvidan del sacrificio que acepté para salvar esta alma ? Roguemos a Dios fervientemente por ella. Ahora está esperando el juicio de Dios, ya ha cometido todo el mal que ha podido. Ella vivirá otra vez. No se asusten, permanezcan en calma porque se arrepentirá y enmendará sus males por su propia voluntad. Morirá y será salvada más adelante, pero su purgatorio durará hasta el día del juicio final. Esto me lo reveló Nuestro Señor”.
Al decir esto, el cuerpo de la monja muerta tembló y abrió los ojos. Miraba todo alrededor del cuarto como si buscara a alguien. Entonces, fijando su mirada en la santa fundadora, deseó hablar pero su voz se estrangulaba en un mar de llanto. La angelical Madre Mariana secó las lágrimas con amor maternal y le habló de la confianza en la bondad de Dios. La Capitana finalmente sintió cuánto era amada.
Después de una confesión general, comenzó lentamente a recuperarse. Era ahora tan dócil como un niño y nunca deseó estar lejos de su venerable benefactora.
La Madre Mariana entra en el infierno
Tiempo después, Nuestro Señor se le apareció a la Madre Mariana, recordándole que había llegado el tiempo de que pague el precio de la salvación del alma de la Capitana. Le dejó saber que al día siguiente, después de recibir la Santísima Comunión, tan pronto como la especie sacramental se le disolviera, entraría en el infierno.
Así, un día después y antes de comulgar, sintió como si su corazón se rompiera. Intentó aferrarse a Nuestro Señor tanto cuanto sea posible, pero tan pronto como la especie divina se deshizo, sintió un dolor terrible como si el alma se arrancara de su pecho. A partir de ese momento se volvió totalmente insensible a Dios.
Permaneciendo cinco años bajo el estado de un alma condenada, perdió la noción del tiempo y estaba convencida que aquello duraría eternamente. Su sublime amor para Dios y su Santísima Madre había ahora cambiado por sentimientos de repugnancia y desprecio.Mientras tanto, su alma sufrió todos los tormentos de un condenado, sus cinco sentidos corporales fueron empapados en una increíble tortura. Su cuerpo parecía cuál brasa que ardía intensamente quemándose sin ser consumido en medio de dolores inimaginables. Sus ojos contemplaron las escenas infernales más horribles mientras que las blasfemias más atroces asaltaron constantemente sus oídos. Su sentido del olor fue plagado por toda la inmundicia humana, y su sentido del tacto fue atormentado por filosas puntas que se introducían hasta lo más profundo de su cuerpo. Su paladar fue torturado por un gusto horrible desconocido, mientras que los demonios derramaban azufre derretido debajo de su garganta. Al mismo tiempo, los demonios golpeaban sus cabezas al punto de derramar sus sesos sobre ella, incitándola así a la cólera, a la desesperación y a la blasfemia.
Sufrió todo esto mientras llevaba su vida diaria en el Convento. Nunca abrió sus labios para quejarse ante la comunidad. Más bien seguía siendo un ejemplo perfecto de dulzura, humildad y obediencia. Solamente el sacerdote franciscano que la dirigía y las otras fundadoras sabían lo que la Madre Mariana padecía, y rezaban por ella incesantemente.
La única muestra exterior de sus sufrimientos en el infierno era que sus mejillas, normalmente atractivas y sanas, realzando su belleza natural, perdieron su color y se pusieron pálidas. En extremo, era ella un cadáver que deambulaba.
Muerte de la Capitana
Cinco años más adelante, mientras rezaba, la Madre Mariana gritó fuertemente y cayó como si hubiese muerto. Permaneció mucho tiempo inconsciente, finalmente, suspirando de manera profunda abrió los ojos, que estaban llenos de lagrimas de alivio. Su infierno había terminado. Y gradualmente fue recuperando su salud y hermoso color.
No pasó mucho tiempo de esto cuando La Capitana cayó enferma y acercándose su fin, confesó todos sus pecados y murió tranquilamente, asistida por la Santa Madre Iglesia.
La Madre Mariana de Jesús contempló el juicio de la monja, donde le fue mostrado que su salvación fue debida a los cinco años que estuvo en el infierno. La Capitana llevó consigo a la eternidad esta gratitud inmensa. En el purgatorio su benefactora la ayudó mucho, ya que no dejó de rezar nunca por ella. Después de la muerte de la Madre Mariana, esta alma del purgatorio fue olvidada gradualmente.
El maravilloso y singular privilegio de la Inmaculada Concepción.- “Potuit, decuit, ergo fecit” : Dios podía hacerlo, convenía que lo haga, y terminó haciéndolo
El hombre fue creado “a imagen y semejanza (de Dios)” (Gén. 1, 26), en estado de gracia e inocencia, de justicia y santidad, recibiendo el don de la inmortalidad, y participando así de la propia naturaleza divina. Pero desobedeciendo al Creador terminó esclavizado al demonio, siendo expulsado del paraíso y perdiendo los dones sobrenaturales que poseía, a partir de lo cual todos sus descendientes quedamos manchados, heredamos los efectos del pecado original, con el cual nacemos: la inteligencia humana se volvió sujeta a errar, la voluntad quedó expuesta a desfallecimientos, la sensibilidad quedó presa de las pasiones desarregladas, el cuerpo por así decirlo fue puesto en estado de rebeldía contra el alma.
Y a fin de que se opere la salvación del género humano, se hacía necesaria una reparación. De qué forma? Mediante la Encarnación del Hijo unigénito de Dios que nacería de una Virgen.
Pero, siendo que todos los seres humanos - sin excepción – vienen al mundo con la mancha original, María Santísima, en su calidad de Madre de Dios, habría sido aun apenas por un instante, manchada por el pecado? por tanto esclavizada al demonio? O podía Dios pre redimirla desde el primer instante de su existencia, creándola en estado de inocencia original, quedando por tanto preservada de cualquier concupiscencia (de cualquier tendencia hacia el mal), que es derivada de la mancha dejada por el pecado original? Convenía esto a los planes del Divino Creador?
“Potuit, decuit, ergo fecit”
Dios podía hacerlo, convenía que lo hiciera, y terminó haciéndolo.
Con este célebre axioma, el beato franciscano escocés Juan Duns Scoto (1265 – 1308), venerado como santo en vida, sin mediar canonización, concluía su exposición, en defensa de la Inmaculada Concepción, en la Universidad de París. Fue considerado un triunfo brillante el hecho de haber sintetizado el beato - conocido como el “Doctor Sutil" debido a las sutilezas de sus análisis - en la sentencia anterior, las razones de aquel privilegio de Nuestra Señora. Dios Todopoderoso podía crear a la Santísima Virgen libre del pecado. Él ciertamente quería hacerlo, pues convenía a la altísima dignidad de Aquella que sería la Madre del Divino Salvador, que Ella se mantenga exenta de toda mancha; por tanto, Dios le concedió tal privilegio. He ahí el maravilloso y singular privilegio de la Inmaculada Concepción.
Por ende, no es creíble que Dios Padre omnipotente, pudiendo crear un ser en perfecta santidad y en la plenitud de la inocencia, no hiciese uso de su poder a favor de la Madre de su Divino Hijo.
El Dr. Plinio Corrêa de Oliveira resaltaría así la Inmaculada Concepción con la que fue honrada la Santísima Virgen:
“Por todo esto, la Inmaculada Virgen María, Madre del Divino Niño, concebida sin pecado original, es la obra maestra de Dios, superior a todo cuanto fue creado, con la única excepción de la Santísima Humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, alcanzando Aquella criatura bellísima la más alta personalidad femenina de todos los siglos”.
“Todo en Ella era armonía profunda, perfecta, imperturbable. El intelecto jamás expuesto al error, dotado de un entendimiento, una claridad, una agilidad inexpresable, iluminado por las gracias más altas, con un conocimiento admirable de las cosas del Cielo y de la Tierra. Con una voluntad naturalmente tan perfecta, dócil en todo al intelecto, vuelta enteramente hacia el bien y que gobernaba plenamente la sensibilidad, ésta tan irreprensible, que jamás pedía a la voluntad algo que no fuese plenamente justo y conforme a la razón. Ambas, voluntad y sensibilidad, super enriquecidas de gracias inefables, perfectamente correspondidas en todo momento. Con todo esto, ni siquiera se es capaz de formarse una idea de lo que es la Santísima Virgen”.
Nuestra Señora de El Buen Suceso y la Inmaculada Concepción
| Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito |
La proclamación del dogma del singular privilegio de la Inmaculada Concepción resonó con un aplauso entusiasmado entre los católicos de toda la Tierra, pues sería por fin definido como verdad de Fe aquello en lo que incontables santos, teólogos y fieles en general siempre creyeron desde el inicio del cristianismo, y a lo largo de todos los siglos.
La propia Santísima Virgen lo había anunciado en Quito con anticipación:
El día 2 de Febrero de 1634, la Sierva de Dios, Madre Mariana de Jesús Torres, una de las fundadoras del Real Monasterio de la Inmaculada Concepción, el primero de dicha orden en dichas tierras y en las Américas, rezaba en el Coro Alto del convento, por las necesidades de la Iglesia, de su comunidad, y por el Ecuador naciente. De repente quedó sin sentidos.
Y en medio de una visión, pudo ver cómo fue preservada la Santísima Virgen de la culpa del pecado original desde el primer instante de su ser, y cómo Ella correspondía perfectamente y a cada instante a la gracia santificante que le fue otorgada insondablemente en abundancia y sin precedentes.
En seguida, se le apareció la Reina de los Cielos, en su Advocación de María de El Buen Suceso, y colocó al Niño Jesús que traía consigo, en brazos de la Madre Mariana, quien lo recibió con presteza inimaginable y con gusto inefable.
Entonces, el Divino Infante, en brazos de la Religiosa, en medio de tiernos afectos le dice:
“El Dogma de la Inmaculada Concepción de mi Santísima Madre será proclamado cuando más combatida esté la Iglesia y se encuentre cautivo mi Vicario”
Esta previsión se cumpliría, al pie de la letra, 220 años después..!!!
Considerado un triunfo sobre el liberalismo y el escepticismo que corroían la civilización cristiana, el dogma de la Inmaculada Concepción sería proclamado a mediados del siglo XIX en medio de revoluciones anticatólicas en varias partes del mundo, y que habían forzado al Papa Pio IX a refugiarse durante nueve meses en la ciudad marítima de Gaeta tras la proclamación en el año de 1848 de la "República Romana".
Así, el día 8 de diciembre de 1854, el Bienaventurado Papa IX, Inmerso en una situación transcendental que amenazaba vulnerar los derechos del Vicario de Cristo y de la Santa Sede y fundamentado en la Sagrada Escritura y en el testimonio constante de la Tradición (la transmisión oral pasada de generación en generación), y por virtud del Magisterio infalible, declaraba ser de revelación divina que María Santísima fue totalmente exenta del pecado original, desde el primer instante de su concepción, consignado como está en la Bula Ineffabilis Deus.
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| El Beato Pio IX proclamando el Dogma de la Inmaculada Concepción |
El día de aquella solemne proclamación, fue de incomparable alegría y jamás será olvidado, debe por tanto recordárselo siempre para honra y gloria de la obra maestra de la creación, la Madre purísima del Divino Infante. Las palabras del Dr. Plinio van dirigidas en ese sentido:
“Considerado en sí mismo, el dogma de la Inmaculada Concepción continúa chocando con el espíritu esencialmente igualitario de la Revolución que, desde 1789, ha reinado despóticamente en el mundo. El ver a una simple criatura tan elevada sobre los otros por un inestimable privilegio concedido a ella en el primer momento de su existencia, así como su continua correspondencia al bien y su inclaudicable adversidad hacia el mal, no puede dejar de herir a los hijos de la Revolución que proclaman la absoluta igualdad entre los hombres como el principio de todo orden, justicia y bien".
"Nuestra Señora es principalmente modelo de las almas que rezan y se santifican, la estrella polar de toda meditación y vida interior. Pues, dotada de una virtud inmaculada, Ella hizo siempre lo que era más razonable, y si nunca sintió en sí las agitaciones y los desórdenes de las almas que sólo aman la acción y la agitación, nunca experimentó en sí, tampoco, las apatías y las negligencias de las almas flojas que hacen de la vida interior un cortaviento a fin de disfrazar su indiferencia por la causa de la Iglesia".
Precisamente estas y otras innumerables virtudes se ven reflejadas en la Portentosa Imagen de Nuestra Señora de El Buen Suceso
"Imitemos pues, el ejemplo de Ella, que sólo se puede imitar con Su propio auxilio. Y el auxilio de Nuestra Señora, sólo se puede conseguir con la devoción a Ella. Pues bien, no hay mejor forma de devoción a María Santísima de El Buen Suceso que pedirle, no sólo el amor de Dios y el odio al demonio, sino aquella santa entereza en el amor al bien y en el odio al mal, en una palabra, aquella santa intransigencia que tanto resplandece en su Inmaculada Concepción".
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